La sombra del cardo
Mitsuo se enamoró de Mitsuko en la escuela. Veinte años después, gracias a otro estudiante de la misma escuela T., vuelve a encontrarla en un bar donde trabaja como chica de alterne.
"- Mitsuko, no has cambiado.
- ¿Qué quieres decir? - dice abriendo los ojos de par en par.
- Tu belleza y tu apariencia misteriosa. Sigues siendo seductora".
Recuerdos de la infancia, el deseo de volver a ser amigos... y algo más. Para Mitsuo retomar esa relación es importante; Mitsuko en cambio se muestra fría y distante. Azami es el título del primer relato de la pentalogía. Azami es el nombre que había elegido Mitsuo para Mitsuko en su diario de adolescente.
"Azami. Esa flor me parece única. con su forma peculiar y su color violeta. No se suele regalar a causa de las espinas puntiagudas que cubren sus hojas. Una flor bastante inabordable".
A Mitsuko siempre le gustó leer. Siente auténtica pasión por el conocimiento, sean ciencias o letras, lenguas extrañas o corrientes filosóficas. En el momento en que tuvo ocasión montó una librería de viejo para de ese modo dedicar su vida entera a los libros. A los libros y a su hijo Taro, por supuesto. Sin embargo, hay algo en su pasado que el destino va a remover. El hecho es que el nacimiento de su hijo estuvo rodeado de ciertas circunstancias de las que le gustaría no tener que hablar nunca.
"Esta parte de la historia no es del todo mentira. La comadrona que redactó el acta de nacimiento de Taro falleció poco antes de abrir yo la librería. Nunca volví a Kanazawa, donde ella vivía, pero le mandaba regularmente fotos y noticias de Taro".
El fruto anaranjado del Hozuki tiene un significado muy especial para Mitsuko. Pero también para otra mujer: la señora Sato, la esposa del diplomático que, junto a su hija Hanako, apareció un día por la tienda para encargar unos libros para su marido. ¿Cree saber esta mujer algo sobre el pasado de Mitsuko? Hozuki es el título para el segundo relato.
Goro es un personaje antipático. Es el compañero de escuela que apareció de la nada para llevar a Mitsuo hasta el bar donde Mitsuko trabajaba como chica de alterne. Es el típico fanfarrón que presume de vida, de posición social, de juventud y de trabajo. Le aterra la soledad y la vejez. La felicidad está sobrevalorada y la familia mucho más. Solo le importan sus amantes y el dinero que gana con la empresa que le dejó su padre. Sí, un auténtico cantamañanas.
"En general, me canso de una aventura al cabo de dos o tres años a lo sumo. No sé lo que siento realmente por esta viuda, pero lo que está claro es que me resulta cómodo".
Sin embargo, el karma - bendito sea - le tiene preparados unos acontecimientos que, si bien él no espera, cualquier lector avispado los verá venir de lejos. Suisen (水仙) da nombre a la flor del narciso, al gato que le hará compañía en sus momentos más dolorosos, y al tercer relato del libro.
Atsuko es la mujer de Mitsuo, pero esto casi es lo de menos...o tal vez no. Siempre le ha gustado el campo, y ahora regenta la finca que heredó de su padre donde cultiva, entre otras cosas el Fuki-no-to - efectivamente, el título de este cuarto relato -. Está buscando ayudante para la temporada de verano, y el destino hace que entre las candidatas esté una amiga del colegio. De nuevo son veinte años los que han pasado desde el último encuentro de Mitsuo con Fukiko. Una excursión a la isla de Sado que en principio iba a hacer con su marido será el detonante de otra historia muy diferente...aunque bastante previsible.
"-¿Viajar contigo a la isla de Sado? ¡Me encantaría! - responde ella aparentemente entusiasmada. Luego me anuncia alegremente-: Justo hoy hemos firmado la declaración de divorcio".
El último relato lleva por título Maimai, la palabra japonesa para caracol. Mitsuko compone un poema cuando Taro es pequeño. El poema es el siguiente:
Maimai, maimai
¿a dónde vas tan trabajosamente?
¿Qué acarreas en tu casa tan grande?
¿Un pesar o una carga, o bien ambos?
Ah, no te queda otra que avanzar, como la vida.
Ánimo, maimai. ¡Adiós!
Jamás podrá imaginar lo que su madre en realidad quería expresar con esas palabras. ¿Tendrá algo que ver con la relación que acaba de comenzar con Hanako? ¿Por qué existe esa afinidad con esa chica a la que no ve desde que eran pequeños? ¿Cómo puede acordarse de tantas cosas? ¿Significó tanto para ella? A estas alturas el lector ya sabe lo que estos dos personajes ignoran, aún así el resto del relato se lee con emoción contenida. Y sin embargo el final queda tan abierto... ¿o no? ¿Cuál será la decisión de Taro? Todo el mundo diría que es obvio, pero... ¿y si no lo es?
Un nuevo disfrute de Aki Shimazaki que parece no tener límite en la descripción de sus personajes, y en la naturalidad con la que narra sus historias. Ambas cosas hacen de sus libros una lectura a la vez ligera pero llena de matices (¡¿Cómo puede ser esto posible?!). Muy buena lectura para el verano. Eso sí, yo recomiendo la pentalogía completa, porque los relatos sueltos (yo ya había leído dos de ellos) restan emoción a la historia final.
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