Suzuran

 

Por esta playa paseamos Akira y yo cogidos de la mano. Aquí posó sus labios sobre los míos. Yo estaba tan avergonzada que me quedé quieta a su lado, muy callada.

Cuando le hablé a Kyoko de ese amor casi platónico, ella se burló: “¡Eres demasiado ingenua para tu edad!”.

Puede que así sea, puede que Anzu vea la vida, y sobre todo el amor, de una manera muy distinta a como la ve su hermana mayor. Y quizá por eso sus dos fracasos sentimentales la hayan llevado a volcar su pasión en la cerámica, en esos jarrones para ikebana que con tanto mimo diseña, modela y hornea. Ahora ese trabajo lo es todo. Eso y su hijo Toru.

Sin embargo, una noticia totalmente inesperada, pero sobre todo la llegada de su hermana Kyoko con su nuevo novio, va a trastocar la apacible vida que Anzu disfruta.

Yuji se inclina ligeramente hacia mí. Nos saludamos amistosamente. Tiene una mirada calma y dulce. Su voz es pausada y agradable al oído. Lleva una camiseta gris y una americana azul oscuro. Su apariencia, sencilla y muy corriente, me sorprende, tan opuesta al gusto de mi hermana, que siempre viste con elegancia”.

La presencia de su hermana genera una serie de sentimientos que no sabía que tenía. Siempre pensó que Kyoko era una mujer libre, muy enamoradiza y tremendamente egoísta. Pero de lo que no está muy segura es de si esas confidencias que va recibiendo de personas tan cercanas a ambas son ciertas, y sobre todo de si de serlo, la relación que mantiene con su hermana puede verse dañada. ¿Es cierto todo lo que le cuentan? ¿Sería posible que su hermana tuviera la culpa de que sus relaciones no cuajasen? ¿Kyoko amante de su marido? 

Y por si esto fuera poco, un sentimiento extraño comienza a perseguirla. ¿Será capaz de vengarse? ¿Lo necesita? ¿O será el destino quien se encargue de poner las cosas en su sitio?

“Debo admitir que con este hombre tengo una sensación nada habitual. Su olor me estremece. Es un olor que me inspira una especie de nostalgia. Y no dejo de recordar su voz y su aspecto. Me digo: “¿Me estaré enamorando de mi futuro cuñado?”. Avergonzada, niego con la cabeza”.

Suzuran (スズラン) es el nombre japonés que recibe el lirio de los valles, una delicada planta de pequeñas flores blancas en forma de campana que despiden un intenso aroma. Pero también es el nombre que ha escogido Aki Shimazaki para dar título a un nuevo relato e inicio a su última pentalogía cuyo título, Una campanilla sin badajo, haría referencia a los amores silenciados que guardan los integrantes de la familia Niré, protagonista de esta nueva saga.

Fiel a su modo de describir la cultura japonesa, Shimazaki entrega en cada libro una parte importante de aquel mundo que dejó atrás cuando abandonó definitivamente su Japón natal para instalarse en Canadá desde donde escribe (siempre en francés) y da clases de japonés. Las flores protagonistas, y la delicadeza y la sencillez con la que describe la vida de personas muy normales son parte de su impronta. Hacer de la simplicidad virtud, ese sería el mejor modo de describir su prosa. Me gusta mucho como escribe esta mujer, como escribe y sobre lo que escribe. En este caso la cerámica es la protagonista, y a través de sus jarrones de ikebana el amor como telón de fondo. Muy agradable de leer, como siempre. 

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