Nawashi. El maestro de la cuerda
Al parecer, hubiera
sido más correcto utilizar para el título la palabra bakushi, ya que nawashi
puede hacer referencia también a un fabricante de cuerdas. Empezamos mal.
Mi sorpresa es
mayúscula cuando comienzo a leer y me encuentro con la descripción, ¿de un
intento de suicidio? Sí, así es. “Si tan solo no estuvieras, decía el viento. Si tú no
estuvieras, estaríamos en armonía”. Se trata de un niño, un niño carente de
afecto, cuya sola presencia resulta incómoda. Ese niño es Togashi, el narrador
de la primera parte de la novela, detective de homicidios, personaje complejo, atormentado,
obsesivo e inseguro. Todo lo contrario de Hayama, narrador de la segunda parte,
también detective, más profesional y honesto.
Los dos
investigan en un ambiente sórdido, cruel y profundamente desagradable: el shibari,
un mundo de relaciones de dominio y poder a través del arte de las ataduras. Un
ámbito que se desarrolla en la clandestinidad, y por el que se mueve como pez
en el agua un asesino sin ningún tipo de código moral o ético; a medida que los
asesinatos se suceden la trama se complica. Togashi se ve envuelto desde el principio
porque ha mantenido relaciones sexuales con una de las sospechosas (Maiko
Kirita) y está dispuesto a hacer lo imposible para ocultar las evidentes
muestras de culpabilidad que existen en su contra. Hayama, cuya vida cambió drásticamente
tras la perdida de su mujer, se enfrenta a sus fantasmas con tenacidad, llevando
a buen término con su ética profesional la resolución del caso.
Dos versiones,
dos conceptos sobre como llevar una investigación. Dos caracteres muy
diferentes, dos hombres que se enfrentan a sus debilidades, a sus desgracias,
de una manera muy distinta. Uno atrapado por una infancia dolorosa que no ha
sabido dejar atrás; el otro superando el dolor y la pérdida, volcándose en su
trabajo. De fondo un ambiente perverso, cruel, inhumano, marginal, en el que la
vida de las personas no vale nada. Un lugar donde la vileza y la falta de
escrúpulos bastan para segar una vida, fijando un precio irrisible por arrebatarla.
Novela tremendamente
desagradable y pretenciosa, cuya lectura me ha parecido en algún momento un
batiburrillo de ideas (algunas de ellas muy buenas) y géneros (policiaca, suspense,
erótica), cuyo resultado es mediocre. He llegado a ver trazas de Hitchcock (Marnie la ladrona) y
de L.A Confidential de Russell Crowe, y me ha resultado decepcionante que las referencias
al sintoísmo y a la historia de Japón no tengan ni pizca de coherencia. Política,
cristianismo, juegos eróticos, maltrato infantil, abandono, trastorno mental,
sadomasoquismo… Todo sirve en este cajón de sastre del erotismo con cuerdas.
“Esta novela es pura ficción, con elementos de misterio
atípicos y una atmósfera cruda. Pero lo que quería expresar, haciendo referencia
al epílogo del libro, es «una historia en la que una tenue luz se deja ver
entre la fina niebla, donde los fragmentos de las vidas de otras personas se
superponen». Esta novela no hubiera sido posible sin incorporar técnicas de
varios géneros”.
Nawashi. El maestro de la cuerda (Fuminori Nakamura)
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