El tercer amor

 

"No puedo sacudirme esta necesidad que tengo de amar algo con todo mi ser. He vivido varias vidas, en épocas distintas, he conocido a mucha gente y experimentado emociones muy diversas. Y, a pesar de todo, esa necesidad sigue viva.

Mi nuevo amor no tiene por qué ser demasiado ancho ni demasiado estrecho. Me bastaría con que fuese como esa luz brumosa de la primavera. Ni siquiera hace falta que me ilumine a mí. Basta con que ilumine algo que he amado. Entonces podré contemplarlo con una mirada de profunda ternura. Eso es. Con dulzura, calidez, nada más. Así durante el resto de mis días".

Riko se casa con el que siempre ha creído es el amor de su vida, Na-chan. Está enamorada de él desde muy pequeña, y al final consigue (ella, ¿o quizá sea el destino?) que la vea como a una mujer a la que es capaz de desear. Sin embargo, desde la infancia otra figura masculina acapara la atención de la pequeña Riko: el conserje del colegio, el señor Takaoka, con el que comparte conversaciones y agradables momentos de complicidad. Él es quien le enseña que la magia en la vida existe. 

Pero en la vida no es todo color de rosa, y la relación amorosa entre Riko y Na-chan irá deteriorándose cada vez más, no ya por el paso del tiempo sino por las continuas infidelidades de él. Atrapada en un matrimonio que no la satisface, a pesar de seguir enamorada de su marido, Riko comienza a soñar con otras vidas, con las vidas de otras personas en las que se encarna y con las que aprende a dejarse llevar e incluso a mostrarse libertina o prudente. Su sensualidad gana enteros cuando en los primeros sueños habita el cuerpo de una oiran (cortesana) en el siglo XVII, y en los siguientes se encarna en una dama de compañía del período Heian. 

La magia de la que tanto habla Takaoka parece volverse realidad cada vez que Riko se sumerge en esos sueños. En ese mundo onírico ambos coinciden, y a través de otras vidas se mantienen cercanos en el presente a pesar de estar muy lejos físicamente. Takaoka, que la visita de vez en cuando, desaparece sin previo aviso para recorrer el mundo, exactamente igual que el príncipe Shinnyo en aquel siglo IX que ambos visitan cada noche. 

En el budismo el "tiempo" no es algo que pasa, sino períodos de tiempo, intervalos temporales que varían. Y este varía en función del momento, de la conciencia individual de cada persona. Todo cambia, nada permanece fijo, ni siquiera el tiempo. Vacuidad e impermanencia son las piezas clave con las que Kawakami da forma a esta historia de amor, pero también de desamor. 

No reconozco a la Hiromi Kawakami que me hizo enamorarme de su prosa. Esta historia me resulta, a pesar de la complejidad del tema, muy simplona, a años luz de El cielo es azul, la tierra blanca, Algo que brilla como el mar, Manazuru o De pronto oigo la voz del agua, por citar algunos de los títulos traducidos al español. La lectura de El tercer amor a menudo corre el peligro de parecerse más a una de esa historias simples llenas de gatos y café que prometen arreglarte la vida con una ingenua visión del mundo. No digo que sea así, pero a menudo lo parece. A pesar de todo, tan solo por esas dos visitas a Heian y Edo ya merece la pena. Por esto, y porque a Hiromi Kawakami siempre hay que leerla, aunque te decepcione... un poquito.


                                    Se me iría el alma

                                    de tanto quererte.

                                    Si va otra noche,

                                    échale un hechizo,

                                    volver  no la dejes.

                                                                        (Ise monogatari. Cantares de Ise)

El título original, Mitabime no koi (三度目の恋) puede referirse a un tercer amor o a ese amor que aparece por tercera vez, ese al que Riko dedica las últimas palabras de este libro: "Me bastaría con que fuese..."

La preciosa imagen de la cubierta es de Ikenaga Yasunari, artista que a mí particularmente me encanta (la imagen de mi perfil de WhatsApp es de él). 

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