Cuatro relatos de suspense convertidos, en las manos de Tanizaki, en una nueva obra de arte, a la que ya nos tiene acostumbrados los declarados fans oficiales de su prosa. Parece mentira, nunca me deja de sorprender este hombre, que con tan poquita cosa se pueda hacer tanto.

En el primero de ellos, El caso del baño Yanagi, una voz en off relata la aparición en el despacho del abogado S. al que visita, la aparición casi fantasmagórica de un joven pintor que parece presa de la locura. Su relato, al menos, así parece demostrarlo: cree haber matado a su novia…pero no está del todo seguro Si Ruriko, así se llama la joven, está viva, ¿a quién ha matado el pintor K.? ¿Ha sido todo un sueño?

Por el camino, el segundo relato, comienza con un narrador omnisciente que cuenta como Katsutarō Yugawa, empleado de una empresa en Tokio, se ve abordado en plena calle por un detective privado, Ichiro Andō. A partir de ese momento el relato se desarrolla en forma de diálogo al más puro estilo Sherlock Holmes, en el que ambos establecen una competición tratando de demostrar quien es más astuto. ¿El motivo? La muerte por presuntas causas naturales de la primera esposa de Yugawa en la que las coincidencias que afloran en la investigación de Andō ponen en evidencia al marido. Es un relato fascinante.

El ladrón, a mi entender es el más flojo. Quizá es que la historia que cuenta no es nada sorprendente y si muy previsible. Un grupo de jóvenes estudiantes, una serie de robos, una sospecha, un sospechoso y una certeza. Todo ello contado por uno de los protagonistas. Una simpleza que la pluma de Tanizaki convierte en oro puro. ¡Y es el más flojo!

Por último, el inmenso Diablos a la luz del día. Takahashi recibe la llamada desquiciada de su amigo Sonomura: está convencido de que esa misma noche se va a producir un asesinato. No está muy seguro de en qué lugar, pero lo ha escuchado, ha presenciado como los presuntos asesinos lo tramaban aprovechando la oscuridad de una sala de cine. Lo más seguro, piensa Takahashi, es que sea una alucinación, ya que su amigo sufre cierto trastorno mental, al parecer hereditario en su familia. Y lo que en principio parece una locura se transforma en algo real, y esa realidad es mucha más espeluznante de lo que imagina cualquier persona. Cualquier persona que no sea Sonomura, encantado con la sordidez de una historia que acabará con su vida.

Fiel a su estilo, el autor recrea el infierno humano en una serie de tramas donde las pasiones y los secretos inconfesables conducen siempre a un trágico final. No cabe la redención, no en el universo Tanizaki. Magnífico una vez más.

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