Sanshiro
Leí Sanshiro hace unos cuantos años, y recordaba la historia de amor del joven provinciano con una fascinante señorita de ciudad. Ahora, esta segunda lectura, me ha servido para descubrir la habilidad del escritor para, en una historia muy simple, contar como funcionaba la sociedad japonesa universitaria, como se adaptaba a los nuevos tiempos, y como eso se refleja en cada uno de los personajes. Parece sencillo, pero no lo es.
La novela refleja tres mundos bien diferenciados que dibujan la vida pasada, presente y futura del protagonista. El campo, su familia, su madre, es el PASADO, es lo que tiene que dejar atrás para comenzar la nueva vida en la gran ciudad. "Todo allí era tranquilo, sí, pero también soporífero. Volver al pasado no sería difícil".
"Los hombres de ese mundo eran desafortunados porque no conocían nada del mundo real (...) Sanshiro se encontraba en un punto en el que podía entender más o menos el aire que se respiraba en ese ambiente". Este segundo mundo es el PRESENTE: la universidad, los libros, los compañeros y los profesores. El día a día de las clases, las charlas, las visitas, las comidas, y el alcohol en exceso.
Y queda un tercer mundo, el más fascinante para él. "El tercer mundo de Sanshiro era tan radiante y fluido como la primavera (...) Un mundo de luces eléctricas, de cucharas de plata, aclamaciones y risas (...) Y coronándolo todo había preciosas mujeres". Este mundo es el FUTURO, o así debería ser, porque tras el estudio y un buen trabajo, el matrimonio se presupone como el culmen de todo hombre de bien. ¿Será así para Sanshiro? Su conclusión no deja lugar a dudas: "Lo mejor que podía hacer era traerse a su madre del campo, casarse con una mujer bonita y dedicarse al estudio".
Pero no va a ser tan fácil. Y no va a serlo porque hay un obstáculo casi insalvable: el propio Sanshiro. Un joven de provincias, de campo, que apenas ha vivido y todo le viene grande en la ciudad, sobre todo el tema de las mujeres. No sabe relacionarse con ellas. Y para muestra el coqueteo que mantiene con Mineko. O mejor dicho, el coqueteo de ella que apenas le sirve para descubrir lo patoso que se muestra en esos temas.
"Fue entonces cuando se dio cuenta de algo más profundo. Mineko era demasiado mujer para él. Sintió, también, una vaga sensación de humillación acompañando la conciencia de que aquella chica le había cazado".
Y aunque la relación amorosa entre ambos es un auténtico desastre, Soseki describe sus encuentros con una delicadeza, una sensualidad y una maestría insuperables:
"Sus ojos negros se posaron perezosamente sobre la frente de Sanshiro. El encontró en el suave pliegue de sus párpados algún significado incomprensible y en ese significado una fatiga de espíritu, una laxitud de la carne, una atracción cercana al sufrimiento. Sanshiro olvidó que estaba esperando una respuesta y se abandonó por completo a sus ojos".
¿Acabarán juntos? ¿Será capaz Sanshiro de transmitirle todo el amor que siente antes de que otro pretendiente se le adelante? ¿Conseguirá Mineko traspasar esa aburrida coraza? ¿Terminará Haraguchi el retrato que le está haciendo? De ser así, bonito regalo de boda...
Qué grande Soseki, no me cansaré de leerle y releerle nunca. Es siempre un placer, nunca defrauda, al menos a mí, claro.
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