Lo que nos gustaba
Tokio años 90 del pasado siglo XX. Yoshi (diseñador industrial), Burro (fotógrafo de naturaleza especialista en insectos), Aiko (joven aspirante a médico que sufre incapacitantes episodios de ansiedad), y Yōko (peluquera que trabaja en un icónico salón de belleza de Roppongi) terminan conviviendo en pleno centro de Tokio en el piso que el primero de ellos ha ganado en un sorteo de la lotería de viviendas de protección oficial. Dos chicos conocen a dos chicas en el bar de copas El Olive, y tras un primera toma de contacto un tanto caótica debida a la ingesta excesiva de alcohol acaban por compartir piso unos días después.
"No recuerdo hasta cuándo estuvieron Yoko y Aiko en el piso casi vacío. Me emborraché tanto que olvidé de qué habíamos hablado".
A partir del momento en el que los cuatro comienzan a compartir sus vidas las inseguridades y miedos de unos y otros salen a la luz. El dinero (la falta de él) siempre es tema de conversación sobre todo porque Aiko quiere estudiar medicina y no se lo puede permitir, lo que llevará al resto de sus compañeros (¿y amigos?... ¡pero si se acaban de conocer!) a pedir prestado y echar más horas de trabajo con tal de ayudarla. ¿Es verosímil? A mí no me lo parece, pero vaya usted a saber si en el Japón de los noventa la gente se comportaba así.
Además de los problemas financieros surgirán problemas amorosos porque las dos parejas que se forman, Yoshi y Aiko, Burro y Yōko, se verán condicionadas por los ataques de ansiedad de una y la traición que acaba por cometer la otra. A esto hay que unir los continuos viajes de Burro, los ataques de celos de Yoshi y sobre todo la manía filantrópica de "quienes simplemente les gusta ayudar a los demás".
No sé si la historia funcionaría mejor con una buena traducción, desde luego tal cual está resulta incomprensible y por momentos tediosa.
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