Nagori
Nagori (なごり), palabra que da título a este ensayo, hace referencia a lo que está terminando, a lo que ya ha terminado y ha dejado su esencia, su vacío, esa nostalgia por lo que sabemos que está a punto de terminar. También significa "la huella de las olas", haciendo referencia a ese rastro que deja el empuje del mar, una y otra vez, en un movimiento continuo que nunca tiene fin pero que sí finaliza con cada ola que se aleja.
Ryoko Sekiguchi utiliza esta palabra para hablar del paso del tiempo en la naturaleza, para hablar de la importancia de las estaciones en los alimentos y en esos conceptos que a menudo manejamos y que se vuelven imprescindibles, tanto que la gastronomía parece adecuarse más a ellos que a la necesidad.
De ese modo hablamos de frutas de temporada o pescados fuera de temporada para expresar un uso muy limitado, casi se podría decir que cultural, de unos alimentos que no saben de modas o caprichos. "Hoy en día, irónicamente, se predica por todas partes el respeto a las estaciones, en un tiempo en que en teoría es posible cultivar fruta y verdura en todo momento, e importarla desde cualquier punto del planeta". Sí, efectivamente, todo un sinsentido. Pero hay otro modo de verlo. "Desear una naranja en pleno verano es desear vivir hasta el invierno, negarnos a hacer del momento presente la última estación".
No creo que la razón de ser en realidad sea esa, la verdad creo que es mucho más prosaica. La cultura japonesa juega con otros valores estéticos y culturales, esos con los que Sekiguchi redacta un pequeño ensayo que pone de manifiesto la complejidad de un modo de vivir, de un modo de entender la gastronomía como algo íntimamente ligado a la naturaleza, y de una forma de entender el paso del tiempo como la obligatoria transitoriedad a la que todos estamos abocados, respetando así las formas en las que el tiempo "consume" los alimentos, los madura, los envejece, los dota de características propias de seres vivos.
"Vivimos todos la misma estación, junto con las aves, los animales, los peces y los vegetales. En ella se encuentran quienes gozan de vida, sólo que el tiempo de juventud de algunos no coincide con el de los otros, igual que pasa con los seres humanos. De hecho, el tiempo de nagori cambia según cada cual".
Ryoko Sekiguchi nació en Tokio (1970) pero desde hace más de veinte años vive en París y de hecho además escribe en francés. Literatura y gastronomía, lo mejor de ambos mundos se dan cita en este libro lleno de imágenes evocadoras (Japón, Roma, París...) que son un auténtico disfrute.
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