Dentro del caldero

 

"Un enorme caldero de hierro humeaba sobre el fuego a m lado. En su interior, la verdura se agitaba borboteando rodeada de miles de pequeñas burbujas".

En menos de cien páginas Kiyoko Murata describe un verano cualquiera en el que cuatro jóvenes (Tami y su hermano Shinjiro, Tateo y MInako) comparten con su abuela los guisos hechos a fuego lento en calderos de hierro fundido, momentos de soledad bajo un árbol de paulonia, paseos en bicicleta hasta la cascada cercana y las historias que la anciana reserva obstinadamente en su memoria. Unas vacaciones familiares rotas solo por las noticias lejanas que llegan interrumpiendo la cálida rutina.

"La narración de la abuela me llevó a percibir la presencia de sombras en cada rincón de nuestra vasta morada: detrás de armarios y estanterias, y hasta en la penumbra que rodeaba un pequeño cuenco de té".

Confidencias y secretos se van deslizando a través de los días de ese verano en el que Tami se hace cargo de la cocina para comer algo decente pues su abuela últimamente quema todo lo que pone en las ollas, y en el que conocerá la identidad de sus verdaderos padres. Reflexiones, miedos, y esperanzas, van dando forma a las relaciones familiares de los cuatro jóvenes mientras la naturaleza se impone a cada paso.

"Reflexioné sobre el viento que roza al caminar entre las espigas de arroz. Este viento áspero que me acaricia el cuello y los brazos, haciéndome cosquillas".

Escrita en primera persona (es Tami la que nos invita a descubrir como pasan sus días de vacaciones) la novela es apenas un relato extenso que se zambulle en las emociones que desencadena ese verano, las noticias que llegan desde Hawai, donde está parte de la familia, y las historias de la abuela. Delicada, ligera, tierna, y divertida, incluso diría que liviana, algo que se agradece en este caluroso mes de agosto. 

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